Primer capítulo de Tulipán Rojo

¡Hola hola!

Hoy traigo el primer capítulo de mi novela inédita «Tulipán Rojo». Una historia de romance BL, juvenil y ambientada en japón.

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SINOPSIS: El solitario Nagaoka Kioshi renunció al amor en cuanto Dai le partió el corazón. Solo permite acercarse a su amiga de la infancia Akiko, que está dispuesta a hacerle olvidar a su exnovio. Tras uno de los conciertos del grupo favorito de Akiko, esta le rogará a Kioshi que le presente al hermano pequeño de Yoshino Yuki, su amor platónico y guitarrista de la banda, que casualmente está en la clase de su amigo. Kioshi nunca habría imaginado que el popular Yoshino Toru y él terminarían siendo más que compañeros.

Capítulo 1

Su amiga volvió a arrastrarlo a uno de los conciertos de Noir. Desde que había roto con Dai, Kioshi prefería evitar ese tipo de sitios. Lo último que deseaba era encontrarse con su exnovio. Pero era imposible negarse a la insistencia de Akiko, que estaba enamorada de Yuki, el guitarrista de Noir.

—Lo están haciendo genial, ¿verdad? —le gritó Akiko al oído. Kioshi suspiró y asintió.

—Voy a pedir otra bebida. ¿Quieres algo?

—Todavía me queda —respondió, alzando su vaso.

Kioshi pasó más tiempo del necesario en la barra. No había tanta gente como otras veces, pero estaba agobiado y quería irse a casa. Pidió otro refresco y se lo tomó con calma mientras miraba con poco interés al grupo favorito de Akiko. Aunque le parecían buenos, había algo en ellos que no encajaba. Tal vez por eso seguían tocando en locales de poco éxito como aquel.

Era un lugar pequeño que acogía a demasiada gente los fines de semana, sobre todo cuando actuaban bandas invitadas, como aquella noche. Las bebidas eran baratas y los camareros agradables, aunque el mobiliario era viejo y las paredes estaban desconchadas. Además, el sonido de las actuaciones no era tan bueno como cabría esperar y, al haber tanta gente y tener poca ventilación, Kioshi necesitaba salir varias veces a tomar el aire. Era de los locales que menos le gustaban, pero era donde más actuaba Noir, así que lo frecuentaba a menudo para contentar a Akiko.

Cuando se terminó la bebida volvió junto a su amiga y la encontró más emocionada de lo que la había dejado.

—¿Sabes quién ha vuelto a la ciudad? —La miró confundido. No tenía ni idea de qué hablaba—. El hermano pequeño de Yuki. ¡Está aquí! Lo acabo de ver junto al escenario —le informó, emocionada, mientras señalaba a uno de los laterales de la tarima. Kioshi miró hacia allí y enseguida localizó a Toru, oculto bajo la capucha de su sudadera. Aunque aquello no le había servido de mucho. Estaba rodeado de chicas que lo habían reconocido y le impedían disfrutar del concierto—. ¡Por fin me lo podrás presentar! ¡Y él me presentará a Yuki! —Cruzó las manos sobre el pecho y lo miró con ojos de cachorro abandonado.

—De eso nada. Ya te he dicho mil veces que no tenemos confianza.

—¡Pero va a tu clase!

—Nunca hemos hablado.

—Venga, hazlo por mí —insistió Akiko—. Necesito conocer al amor de mi vida.

—Créeme, te estoy haciendo un favor. Si conocieras a Yuki y resultara no ser el chico idealizado que tienes en la cabeza, lo cual es muy probable, se te partiría el corazón. —Le dio un golpecito en la frente con un dedo y sonrió—. Vámonos ya, Cenicienta. Tus padres me van a matar por dejarte tarde en casa.

—Pero… —No le dio tiempo a decir nada más. Kioshi ya se dirigía hacia la puerta y lo siguió a regañadientes—. No entiendo por qué te cuesta tanto hablar con él —retomó, una vez fuera del local—. Dicen que es muy agradable.

Kioshi se metió las manos en los bolsillos y siguió caminando, sin responder a su amiga. Yoshino Toru, el hermano pequeño de Yuki, había entrado en su escuela el año anterior. A diferencia de él, era un chico bastante popular entre sus compañeros. Kioshi nunca había tenido la necesidad de hablarle, así que jamás habían intercambiado una palabra, aunque fueran a la misma clase. Una vez, en el descanso, intentó hacer de tripas corazón y entablar una conversación con él, solo porque Akiko le había insistido mucho, pero se lo pensó tanto que, cuando por fin se atrevió a saludarle, los amigos de Toru se interpusieron y se lo llevaron a rastras. Después de aquello, supo que nunca tendría el temple necesario para volver a intentarlo.

—¿Sabes? Han vuelto a tener problemas con el vocalista —cambió de tema Akiko, viendo que no iba a convencer a Kioshi. Lo conocía lo suficiente como para saber que, aunque fuera fácil convencerlo de casi cualquier cosa, era imposible hacerlo cuando se negaba en rotundo desde el principio—. Dicen que acosó a una chica en el metro. ¿Te lo puedes creer? No sé por qué Yuki sigue tolerando a ese idiota. Deberían haberlo echado hace tiempo de la banda.

—Hablas como si Yuki fuera el líder del grupo —respondió Kioshi desapasionadamente—. Esa es una decisión que han de tomar entre todos. Además, no es fácil encontrar a un cantante tan bueno como él.

—Eso es cierto. Aunque sea un idiota, Hiro se ve genial cuando coge el micrófono… —Los ojos le chispearon por un segundo antes de cambiar a una expresión menos afable—. ¡Pero deberían echarlo! Lo que hace es inaceptable.

Kioshi solo se encogió de hombros, pero su amiga no había terminado de hablar.

—Parece que todos los cantantes son así de… —Akiko se calló de golpe y se llevó una mano a la boca. Kioshi la miró de reojo. Sabía que se refería a Dai. A ella nunca le había gustado y siempre le había aconsejado que rompiera con él antes de que le hiciese daño. Él no la escuchó y al final ocurrió lo que Akiko había vaticinado: le partió el corazón.

—Dudo que ser un imbécil tenga algo que ver con ser cantante.

—Pues a mí me parece mucha coincidencia.

Kioshi se rio y ella lo imitó. Akiko sabía que aún seguía dolido por lo de su ex, pero últimamente parecía más animado. Era consciente de que el tiempo había hecho la mayor parte del trabajo, al fin y al cabo, ya habían pasado ocho meses, pero le gustaba atribuirse algo de mérito. Desde que rompieron, ella había estado pendiente de Kioshi y se lo había llevado a rastras a cualquier sitio con tal de no dejarlo solo hundiéndose en la pena. Él solía quejarse, y muchas veces se escabullía con la excusa de tener que estudiar, pero también le había agradecido que estuviera con él, sobre todo porque no tenía más amigos con los que hablar de ese tipo de cosas.

Akiko lo observó un instante, afligida, y luego saltó sobre él y se enganchó de su brazo.

—Pero ¿qué haces? —exclamó Kioshi, cuando casi pierde el equilibrio. Ella soltó una carcajada por toda respuesta—. Qué rarita eres.

♫ ♫ ♫

Una vez en casa, Yuki se abalanzó sobre su madre, fundiéndose en un efusivo abrazo. Luego hizo lo propio con su padre, que lo esperaba con los brazos abiertos.

—¿Por qué no me avisasteis de que llegabais hoy? —les regañó con cariño.

—Queríamos darte una sorpresa —se excusó su madre. Yuki había heredado sus rasgos orientales, mientras que su hermano, Toru, se asemejaba más a su padre, de origen francés. Aunque su pelo no era tan rubio y tenía los ojos de color avellana en vez de azules.

—Casi me caigo del escenario cuando he visto a Toru. —Se alejó de sus padres para saltar sobre su hermano pequeño, quien, viendo sus intenciones, alzó las manos para detenerlo, aunque no le sirvió de nada.

Nisan[1]… No puedo respirar. —Se quejó Toru, pero su hermano siguió abrazándolo.

—¿Sabéis que nuestras fans lo adoran? Hoy acaparaba todas las miradas.

—No te pases. —Toru consiguió apartarlo y huyó hacia las escaleras antes de que lo acorralara de nuevo. Siempre que pasaba una temporada lejos de él, tenía que soportar aquel comportamiento empalagoso.

—¿Por qué no vais a cambiaros? La cena estará lista muy pronto —terció su madre entre risas.

Yuki siguió a su hermano, contento de volver a ver a su familia reunida después de casi tres meses. Sus padres, como actores famosos que eran, pasaban mucho tiempo rodando fuera de Tokio, incluso fuera del país. Cuando era pequeño, él y Toru siempre los acompañaban. Sus padres contrataron a un asistente que hacía las veces de canguro y profesor para sus dos hijos. Con el tiempo, Masamune Hideo se había convertido en uno más de la familia. Pero cuando Yuki cumplió los trece años insistió en entrar en la escuela y quedarse en casa. Además, había empezado a tocar en un grupo con unos amigos y se lo tomaba muy en serio. Sus padres fueron comprensivos y le permitieron hacer lo que él deseaba. Hideo cuidaba de él cuando ellos no estaban y, aunque Yuki iba a la escuela, seguía ayudándolo con sus estudios.

En cuanto a Toru, buscaron a otro asistente para encargarse de él y de sus estudios, pero tras unos pocos viajes, el niño empezó a quejarse de que echaba de menos a su hermano mayor y quería quedarse en casa con él. Finalmente sus padres dejaron que se quedara cuando hacían viajes cortos. Para cuando tenía doce años, eran pocas las veces que Toru los acompañaba. Siguió estudiando en casa con Hideo y acompañando a sus padres cuando ponían destino a Francia, ya que tenía amigos y familia allí, hasta que empezó la preparatoria. Yuki se había acostumbrado a tenerlo por casa y, cuando se ausentaba, los días se le hacían difíciles de llevar. Se sentía solo y Hideo aguantaba sus quejas con paciencia infinita.

Cuando Yuki llegó a la planta superior, vio a Toru en el estudio. Era una habitación amplia que sus padres habían preparado años atrás para los dos hermanos. Una estantería repleta de libros, CDs y DVDs ocupaba una de las paredes. Al otro lado había un sofá de tres plazas en el que Yuki se echaba largas siestas, aunque él decía que era su lugar favorito para inspirarse. Frente a la estantería había un piano de pared y tres guitarras, dos eléctricas y una acústica, reposando en sus caballetes. Toru se encontraba sentado en uno de los dos escritorios dispuestos en la pared del fondo.

—Veo que has encontrado mi nueva canción —le dijo Yuki cuando entró a la habitación. Toru estaba tarareando mientras leía la partitura de su última composición—. ¿Te gusta?

—Es buena. ¿Tiene letra? —se interesó.

—La acabé ayer mismo. —Yuki cogió el iPod de encima de su escritorio y se colocó los auriculares. Cuando encontró la canción que buscaba, le pasó los auriculares a su hermano—. Voy a darme una ducha mientras decides el veredicto.

Toru asintió y se quedó con la mirada fija en el suelo atento a la canción. Cuando terminó de escucharla, cogió un lápiz y volvió a reproducirla. Esta vez, escribió pequeños cambios en la partitura y en la letra. La estaba escuchando por quinta vez cuando Yuki salió del baño, en bóxers y camiseta, y se tiró en el sofá, esperando a que Toru terminara.

—¿Y bien? —se inquietó su hermano.

Toru dejó los auriculares sobre la mesa y le acercó el papel.

—Creo que mejoraría haciendo estos cambios —respondió—. Es muy buena, tendrá éxito.

—Lo que el genio de mi hermanito diga. —Empezó a leer los cambios y, como siempre, estuvo de acuerdo en cada uno de ellos. Ya era costumbre que Toru lo ayudara con sus canciones. Además de haber estudiado música toda la vida, tenía un talento innato, y por eso siempre intentaba ficharlo para su banda—. ¿Sabes que hemos vuelto a tener problemas con Hiro?

—¿Qué ha hecho esta vez vuestro adorable cantante? —ironizó.

—Una estudiante lo acusó de tocarle una pierna en el metro. Él lo niega. Dice que solo quiere arruinar su carrera.

—¿Y le crees?

Yuki se encogió de hombros y dejó la partitura sobre el sofá. Luego se pasó la mano por el pelo mojado, despeinándose.

—No sé qué creer. Pero la chica lo ha hecho público en redes sociales, y eso no solo está afectando a la carrera de Hiro, sino también a la nuestra.

—Ya te dije que tendríais problemas por su culpa —dijo Toru mientras se quitaba la camiseta—. Da muy mala imagen a la banda.

—Creo que todos piensan en echarlo, pero ninguno se atreve a decirlo.

—¿Tú tampoco? Eres el líder. Se supone que ese es tu trabajo.

—No creo que nadie me vea así. Además, no es fácil encontrar un buen cantante y que, además, se adapte al grupo. Aunque si tú…

—Ni hablar —le cortó Toru, y corrió a encerrarse en el baño.

—¡Vamos! No encontraremos a nadie mejor que tú —suplicó al otro lado de la puerta, pero no obtuvo respuesta alguna.

Al final decidió terminar de vestirse y bajar a cenar. Tenía la esperanza de que algún día Toru aceptara su propuesta de unirse al grupo como vocalista, así que nunca dejaba de insistirle.


[1] Hermano mayor. Forma casual con la que le hermano menor se dirige al mayor.

***

Muchas gracias por leer. Si os ha gustado y queréis saber más sobre estos chicos, recordad que podréis leer un capítulo nuevo al mes en PATREON.

¡Hasta la próxima!

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Nika Miniva

Soy escritora, correctora de textos y, por supuesto, lectora apasionada. Leo casi toda clase de libros, aunque mis favoritos son los de fantasía, terror, ciencia ficción y también el manga.

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